La primera reacción de casi todo el mundo frente a las grasas es no...
"Aceite... no que engorda mucho... nueces... no puedo... salmón... con la
de grasa que tiene... como eres capaz de comerte ese bacon". Y es
cierto que la grasa tiene el doble de calorías que los hidratos de carbono o
proteínas. Pero medir un alimento solo por su contenido calórico es una
visión muy simple de esta ecuación nutricional.

Es verdad que la grasa tiene más calorías, pero dentro de "las
grasas", las encontramos "buenas" y "malas".
Cuando hablamos de grasas malas nos referimos fundamentalmente a las grasas
saturadas, que no tienen una función orgánica más allá de la pura
energética. Las grasas saturadas las encontramos principalmente en
alimentos de origen animal: carnes grasas, leche entera, queso, embutidos...
Estas se encuentran directamente relacionadas con el aumento del colesterol
LDL, la aparición de la arterioesclerosis y afecciones cardiacas. Estas
grasas sí sería necesario restringirlas en la alimentación por sus efectos
adversos.
Del otro lado, tenemos a las grasas insaturadas y mono insaturadas... las
"buenas", en ellas encontramos los ácidos grasos esenciales.
Cuando hablamos de un nutriente esencial estamos queriendo decir que no puede
ser sintetizado por el propio cuerpo y es necesario conseguirlo a partir de la
alimentación diaria. En el caso de los
ácidos grasos esenciales,
por sus efectos beneficiosos sobre nuestro organismo, es imposible dejar de
tomarlos. Por citar algunos de ellos y sin hacer un análisis profundo,
podríamos indicar:
- Los ácidos grasos Omega-3 reducen la inflamación de tejidos y ayudan
a prevenir ciertas enfermedades crónicas como la artritis.
- Reduce la producción de las citoquinas, que están vinculadas con la
arterioesclerosis.
- Protege al organismo del exceso de coagulación.
- Disminuye el colesterol LDL en sangre y los triglicéridos.
- Contribuye a la buena salud del sistema circulatorio en general.
Las grasas mono insaturadas e insaturadas son beneficiosas y necesarias para
la salud, por ello, imprescindible que estén presentes en nuestra alimentación
diaria. Llegados a este punto, la pregunta es evidente ¿Dónde encontramos
estos tipos de grasas? Sencillo: pescado azul, nueces, semillas de
calabaza y mostaza, aceite de onagra y aceite de oliva. Si el problema
son las calorías, solo nos queda compensar el consumo calórico por parte del
resto de los macronutrientes, sobre todo moderando el consumo de hidratos de
carbono.
BENEFICIOS DE LOS ÁCIDOS GRASOS ESENCIALES EN EL ÁMBITO DEPORTIVO.
Siendo este un blog relacionado con el fitness y el culturismo, es
ineludible hacer referencia a cómo influyen estos ácidos grasos, ya no solo a
nuestra salud (que es lo primero), sino al propio rendimiento deportivo o
aumento muscular.
-
Mejoran la permeabilidad de las membranas celulares.
Esto es un beneficio porque permite un mejor intercambio de nutrientes y
oxígeno entre las células, lo que mejora su capacidad de retener el líquido
intracelular, entrar más nutrientes a la célula y eliminar mejor los desechos
metabólicos. En contraposición las grasas saturadas ejercen el efecto
contrario, empeoran la calidad de la membrana celular.
- Mejora la respuesta insulínica del organismo. Esto da
lugar a una mejor regulación de los procesos metabólicos y a un mejor control
de esta hormona. Recordamos que insulina controlada implica, sobre todo
en aquellas personas con tendencia a acumular grasa, más facilidad para perder
grasa.
-
Reduce la grasa corporal. ¿La grasa reduce la
grasa? Sí. Determinados ácidos grasos esenciales intervienen en el
metabolismo de los tejidos grasos estimulando su actividad mitocondrial y
aumentando la cantidad de energía que se obtiene a partir de los tejidos de
reserva de nuestro organismo.
Un saludo a todos y no os sintáis culpables cuando toméis algunas nueces con
vuestra ensalada, unas buenas sardinas espetadas o un suculento lomo de salmón
a la plancha... hará mucho bien por vosotros.